VERSIÓN PUBLICADA POR LIBRODOT.COM
PLATÓN
CRÁTILO
HERMÓGENES, CRÁTILO, SÓCRATES
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HERMóGENES 1. - ¿Quieres, entonces, que hagamos partícipe también a Sócrates de nuestra conversacion? CRÁTILO 2. - Si te parece bien...
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SÓC. - Hermógenes, puede que, desde luego, digas algo importante. Conque considerémoslo: ¿aquello que se llama a cada cosa es, según tú, el nombre de cada cosa?
HERM. - Pienso que sí.
SÓC. - ¿Tanto si se lo llama un particular 8 como una ciudad?
HERM. - Sí.
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HERM. - Pienso que sí.
SÓC. - Prosigamos, pues. Dime ahora esto: ¿hay algo a lo que llamas «hablar con verdad» y «hablar con falsedad» 9?
HERM. - Desde luego que sí.
SÓC. - ¿Luego habría un discurso verdadero y otro falso?
HERM. - Desde luego.
SÓC. - ¿Acaso, pues, será verdadero el que designa a los seres como son, y falso el que los designa como no son?
HERM. - Sí.
SÓC. - ¿Entonces es posible designar mediante el discurso a lo que es y a lo que no es?
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SÓC. - ¿Y el discurso verdadero es acaso verdadero en su totalidad y, en cambio, sus partes no son verdaderas?
HERM. - No, también lo son sus partes.
SÓC. - ¿Acaso sus partes grandes son verdaderas y las pequeñas no? ¿O lo son todas?
HERM. - Todas, creo yo.
SÓC. - ¿Existe, pues, alguna parte del discurso á la que puedas llamar más pequeña que el nombre?
HERM. - No. Ésta es la más pequeña.
SÓC. - Bien. ¿Acaso el nombre del discurso verdadero recibe una calificación?
HERM. - Sí.
SÓC. -Verdadero, sin duda, como tú afirmas.
HERM. - Sí.
SÓC. -¿Y la parte del falso es una falsedad?
HERM. - Así lo afirmo.
SÓC. -¿Es posible, entonces, calificar al nombre de falso y verdadero, si .también lo hacemos con el discurso? 10.
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SÓC. -¿Acaso el nombre que cada uno atribuye a un objeto es el nombre de cada objeto?
HERM. - Sí.
SÓC. - ¿Entonces también cuantos se atribuyan a cada objeto, todos ellos serán sus nombres y en el momento en que se les atribuye?
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HERM. - Ya en otra ocasión, Sócrates, me dejé arrastrar por la incertidumbre a lo que afirma Protágoras. Pero no me parece que sea así del todo.
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HERM. - ¡No, no, por Zeus! Más bien lo he experimentado muchas veces, hasta el punto de creer que hay algunos hombres completamente viles y en número elevado.
SÓC. - ¿Y qué? ¿Nunca te ha parecido que hay hombres completamente buenos?
HERM. - Sí, muy pocos.
SÓC. -¿Luego te ha parecido que los hay?
HERM. - Sí, sí.
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HERM. - Tal me parece.
SÓC. -¿Entonces es posible que unos seamos sensatos y otros insensatos, si Protágoras dijo la verdad y la verdad es que, tal como a cada uno le parecen las cosas, así son?
HERM. - De ninguna manera.
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HERM. - Eso es.
SÓC. -Pero tampoco, creo yo, piensas con Eutidemo 12 que todo es igual para todos al mismo tiempo y en todo momento. Pues en este caso tampoco serían unos buenos y otros viles, si la virtud y el vicio fueran iguales para todos y en todo momento.
HERM. - Es verdad lo que dices.
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HERM. - Me parece, Sócrates, que es así.
SÓC. - ¿Acaso, entonces, los seres son así por naturaleza y las acciones, en cambio, no son de la misma forma? ¿O es que las acciones, también ellas, no constituyen una cierta especie dentro de los seres?
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SÓC. - Luego las acciones se realizan conforme a su propia naturaleza y no conforme a nuestra opinión. Por ejemplo: si intentamos cortar uno de los seres, ¿acaso habremos de cortar cada cosa tal como queramos y con el instrumento que queramos? ¿O si deseamos cortar cada cosa conforme a la naturaleza del cortar y ser cortado y con el instrumento que le es natural, cortaremos con éxito y lo haremos rectamente, y, por el contrario, si lo hacemos contra la naturaleza, fracasaremos y no conseguiremos nada?
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SÓC. - ¿Por ende, si también intentamos quemar algo, habrá que quemarlo no conforme a cualquier opinión, sino conforme a la correcta? ¿Y ésta es como cada cosa tiene que ser quemada y quemar y con el instrumento apropiado por naturaleza?
HERM. - Eso es.
SÓC. - ¿Y no será lo demás de esta forma?
HERM. - Desde luego.
SÓC. - Pues bien, ¿acaso el hablar no es también una entre las acciones?
HERM. - Sí.
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HERM. - Me parece tal como dices.
SÓC. - ¿Y el nombrar no es una parte del hablar? Pues sin duda la gente habla nombrando.
HERM. - Desde luego que sí.
SÓC. - ¿Luego también el nombrar es una acción, si, en verdad, el hablar era una acción en relación con las cosas?
HERM. - Sí.
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HERM. -Así es.
SÓC. - ¿Luego también habrá que nombrar como es natural que las cosas nombren y sean nombradas y con su instrumento natural, y no como nosotros queramos, si es que va a haber algún acuerdo en lo antes dicho? ¿Y, en tal caso, tendremos éxito y nombraremos, y, en caso contrario, no?
HERM. - Claro.
SÓC. - Veamos, pues. ¿Lo que teníamos que cortar decíamos que había que cortarlo con algo?
HERM. - Sí.
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HERM. - Desde luego.
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HERM. -Así es.
SÓC. - ¿Y qué sería aquello con lo que habría que taladrar?
HERM. - El taladro.
SÓC. -¿Y qué, aquello con lo que habría que tejer?
HERM. - La lanzadera.
SÓC. - ¿Y qué, aquello con lo que habría que nombrar?
HERM. - El nombre.
SÓC. - Dices bien. Luego también el nombre es un cierto instrumento.
HERM. - Desde luego.
SÓC.-Entonces, si yo preguntara «¿qué instrumento es la lanzadera?», ¿no es aquello con lo que tejemos?
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SÓC. - Y cuando tejemos 14, ¿qué hacemos? ¿No separamos la trama de la urdimbre cuando se hallan entremezcladas?
HERM. - Sí.
SÓC. - ¿Acaso también sobre el taladro podrás decir lo mismo que sobre los demás objetos?
HERM. - Desde luego.
SÓC. -Ahora bien, ¿puedes decir lo mismo también sobre el nombre? ¿Qué hacemos cuando nombramos con el nombre en calidad de instrumento?
HERM. - No sé decirte.
SÓC. - ¿Acaso, en realidad, no nos enseñamos algo recíprocamente y distinguimos las cosas tal como son?
HERM. - Desde luego.
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HERM. - Sí.
SÓC. - ¿La lanzadera es para tejer?
HERM. - ¿Cómo no?
SÓC. - Por consiguiente, un tejedor se servirá bien de la lanzadera -y «bien» quiere decir «conforme al oficio de tejer»-. Por su parte, un enseñante 15 se servirá bien 16 del nombre -y «bien» quiere decir «conforme al oficio de enseñar».
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SÓC. -¿De quién es la obra de la que se servirá bien el tejedor cuando se sirva de la lanzadera?
HERM. - Del carpintero.
SÓC. - ¿De cualquier carpintero, o del que conoce el oficio?
HERM. - Del que conoce el oficio.
SÓC. - ¿Y de quién es la obra de la que se servirá bien el taladrador cuando se sirva del taladro?
HERM. - Del herrero.
SÓC. - Ahora bien, ¿de cualquier herrero, o del que conoce el oficio?
HERM. - Del que conoce el oficio.
SÓC. - Bien. ¿Y de quién es la obra de la que se servirá el enseñante cuando se sirva del nombre?
HERM. - Tampoco sé decirte eso.
SÓC. - ¿Tampoco puedes decirme, al menos, quién nos proporciona los nombres de los que nos servimos?
HERM. - Ciertamente, no.
SÓC. - ¿No crees tú que quien nos los proporciona es el uso 17?
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SÓC. - ¿Entonces el enseñante se servirá de la obra del legislador cuando se sirva del nombre?
HERM. - Creo que sí.
SÓC. -¿Y crees tú que cualquier hombre es legislador? ¿O el que conoce el oficio?
HERM. - El que conoce el oficio.
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HERM. - Tal parece.
SÓC. - Prosigamos, pues. Considera en qué se fija el legislador para imponer los nombres; y parte, en tu examen, de lo que antes dijimos. ¿En qué se fija el carpintero para fabricar la lanzadera? ¿No será en lo que es tal como para tejer por naturaleza? 18.
HERM. - Desde luego.
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HERM. - En esta última, creo yo.
SÓC. - ¿Tendríamos entonces todo el derecho de llamarla «la lanzadera en sí»?
HERM. - Así lo creo yo.
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HERM. - Sí.
SÓC. - Y lo mismo, por supuesto, en lo que respecta a los demás instrumentos: hay que encontrar la forma de instrumento adecuada por naturaleza para cada cosa y aplicarla a la materia de la que se fabrica el instrumento; pero no como uno quiera, sino como es natural. Pues hay que saber aplicar al hierro, según parece, la forma de taladro naturalmente apropiada para cada objeto.
HERM. - Por supuesto.
SÓC. - Y a la madera la forma de lanzadera naturalmente apropiada para cada objeto.
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SÓC. - Y es que, según parece, a cada forma de tejido i le corresponde por naturaleza una lanzadera, etc.
HERM. - Sí.
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HERM. - Desde luego.
SÓC. - ¿Pensarás, entonces, que tanto el legislador de aquí como el de los bárbaros, mientras apliquen la forma del nombre que conviene a cada uno en cualquier tipo de sílabas..., pensarás que el legislador de aquí no es peor que el de cualquier otro sitio?
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SÓC. - Pues bien, ¿quién es el que va a juzgar si se encuentra en cualquier clase de madera la forma adecuada de lanzadera: el fabricante, el carpintero o el que la va a utilizar, el tejedor?
HERM. - Es más razonable, Sócrates, que sea el que la va a utilizar.
SÓC. -¿Y quién es el que va a utilizar la obra del fabricante de liras?, ¿no es acaso el que tiene la habilidad de dirigir mejor al operario y juzgar si, una vez fabricada, está bien fabricada o no?
HERM. - Desde luego.
SÓC. - ¿Y quién es?
HERM. - El citarista.
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HERM. - El piloto.
SÓC. - ¿Y quién podría dirigir mejor la obra del legislador y juzgarla, una vez realizada, tanto aquí como entre los bárbaros? ¿No será el que la va a utilizar?
HERM. - Sí.
SÓC. -¿Y no es éste el que sabe preguntar?
HERM. - Desde luego.
SÓC. -¿Y también responder?
HERM. - Sí.
SÓC. - ¿Y al que sabe preguntar y responder lo llamas tú otra cosa que dialéctico?
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SÓC. - Por consiguiente, la obra del carpintero es construir un timón bajo la dirección del piloto, si es que ha de ser bueno el timón.
HERM. - ¡Claro!
SÓC. - Y la del legislador, según parece, construir el nombre bajo la dirección del dialéctico, si es que los nombres han de estar bien puestos.
HERM. - Eso es.
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HERM. - Desde luego.
SÓC. - Entonces hay que investigar lo que sigue a esto -si es que en verdad tienes ansias de saberlo-: qué clase de exactitud será la suya.
HERM. - ¡Pues claro que ardo en deseos de saberlo! SÓC. - Investígalo, entonces.
HERM. - ¿Y cómo hay que investigarlo?
SÓC. - La más rigurosa investigación, amigo mío, se hace en compañía de los que saben, pagándoles dinero y dándoles las gracias. Y éstos son los sofistas, a quienes también tu hermano Calias 21 ha pagado mucho dinero y tiene fama de sabio. Como tú no dispones de los bienes paternos, has de instar a tu hermano y rogarle que te enseñe a ti la exactitud que, sobre tal asunto, él ha aprendído de Protágorás.
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HERM. - ¿Y qué dice Homero sobre los nombres, Sócrates, y dónde?
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HERM. - Bien sé yo que si les dan un nombre, éste es exacto. ¿Pero a cuáles te refieres?
SÓC. - ¿No sabes que sobre el río de Troya, el que sostuvo combate singular con Hefesto, dice Homero:
al que los dioses llaman Janto y los hambres Escamandro? 23.
HERM. - Sí, Sí.
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los dioses la llaman «chalkís» y los hombres «kymindis»24 ,
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Puede que éstos sean demasiado grandiosos para que los descubramos con nuestras solas fuerzas; pero más propio de hombres, según creo, y más fácil es distinguir, sobre los nombres que atribuye al hijo de
HERM. - Desde luego.
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HERM. - No sé decirte.
SÓC. - Considéralo entonces de esta manera: si alguien te preguntara «¿quién crees tú que aplica los nombres con más exactitud, los más sensatos o los más insensatos?...»
HERM. - ¡Evidentemente replicaría que los más sensatos!
SÓC. - Ahora bien, ¿quiénes crees que son más sensatos en una ciudad, las mujeres o los hombres, para referirnos en general al sexo?
HERM. - Los hombres.
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HERM. -Así parece.
SÓC. - ¿Acaso también Homero consideraba a los troyanos más sensatos que a sus mujeres?
HERM. - Pienso yo que sí.
SÓC. -¿Estimaba entonces que Astyánax era para el niño un nombre más exacto que Skanzándrios?
HERM. - ¡Claro!
SÓC. - Examinemos entonces por qué. ¿Es que no explica estupendamente el por qué? Dice, en efecto:
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sólo él les defendía la ciudad y los largos niuros 28.
Por ello, pues, es exacto, según parece, llamar al hijo del salvador «soberano de la ciudad» (Astyánax) que su padre mantenía a salvo, según afirma Homero.
HERM. -Me parece evidente.
SÓC. - ¿Y por qué así? Pues yo mismo no lo entiendo del todo, Hermógenes. ¿Lo entiendes tú?
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SÓC. - ¿Pero acaso, buen amigo, fue Homero quien impuso a
HERM. - ¿Y qué?
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HERM. - ¡No, por Zeus! No me parece que te pase eso, sino que tal vez estés alcanzando algo.
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HERM. - Soy de tu opinión.
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HERM. - ¿Qué quieres decir con esto?
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SÓC. -¿Entonces nos haremos la misma cuenta también en el caso del rey? En efecto, de un rey procederá un rey, de un bueno uno bueno, de un bello uno bello e, igualmente, en todos los demás casos: de cada raza nacerá un producto semejante, siempre que no surja un monstruo. Y habrá que darles los mismos nombres. Podemos engalanarlos con las sílabas hasta el punto de que a un profano pueda parecerle que los mismos seres son distintos entre sí. Lo mismo que a nosotros nos parecen distintos, siendo los mismos, los fármacos de los médicos cuando están variados con colores y olores -mientras que al médico, en tanto que observa la virtud de los fármacos, le parecen los mismos y no se deja impresionar por los elementos añadidos-, de la misma forma, quizás, también el experto en nombres observa su virtud y no se deja impresionar si se añade una letra, se transmuta o se suprime, o bien si la virtud del nombre reside en otras letras completamente diferentes. Lo mismo que -como decíamo hace un momento- Astyánax y Héktor no tienen ninguna letra en común, salvo la t, y, sin embargo, significan lo mismo.
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HERM. - Desde luego que sí.
SÓC. - Pues bien, a los seres que nacen conforme a naturaleza habrá que darles los mismos nombres.
HERM. - Desde luego.
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Es evidente que el legislador redujo también las demás nociones a letras y sílabas, creando un signo y un nombre para cada uno de los seres, y, a partir de aquí, compuso el resto mediante la imitación con estos mismos elementos.
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CRÁT. - ¿Cómo, Hermógenes? ¿Te imaginas que es fácil aprender o enseñar tan rápidamente cualquier cosa y menos aún ésta que parece de las más importantes?
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Áyax Telamonio del linaje de Zeus, caudillo de pueblos, paréceme que has dicho todo conforme a mi ánimo 160.
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SÓC. - ¡Mi buen amigo Crátilo! Incluso yo mismo estoy asombrado, hace tiempo, de mi propia sabiduría y desconfío de ella. Por ende, creo que hay que volver a analizar mis palabras, pues lo más odioso es dejarse engañar por uno mismo. Y cuando el que quiere engañarte no se aleja ni un poquito, sino que está siempre contigo, ¿cómo no va a ser temible? Hay que volver la atención una y otra vez, según parece, a lo antes dicho e intentar lo del poeta: mirar «a un tiempo hacia adelante y hacia atrás» 161. Veamos, pues, ahora mismo lo que hemos dejado definido. La exactitud del nombre es -decimos- aquella que nos manifieste cuál es la cosa. ¿Diremos que esta definición es suficiente?
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SÓC. -¿Y los nombres se dicen con vistas a la instrucción?
CRÁT. - Exactamente.
SÓC. -¿Diremos, entonces, que ésta es un arte y que hay artesanos de ella?
CRÁT. - Exactamente.
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CRÁT. - Los que tú decías al principio, los legisladores.
SÓC. - Pues bien, ¿diremos, por caso, que también este arte se desarrolla entre los hombres como las demás, o no? Quiero decir lo siguiente: ¿entre los pintores, unos son peores y otros mejores?
CRÁT. - Desde luego.
SÓC. - ¿Entonces los mejores hacen mejor sus obras -las pinturas- y los otros, peor? ¿Y lo mismo los arquitectos, unos hacen las casas más bellas y otros más feas?
CRÁT. - Sí.
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CRÁT. - Opino que esto ya no.
SÓC. - ¿Es que no te parece que, entre las leyes, unas son mejores y otras peores?
CRÁT. -De ninguna manera.
SÓC. -¿Entonces todos los nombres están correctamente puestos?
CRÁT. - Sí, al menos todos los que son nombres.
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CRÁT. - Yo opino, Sócrates, que ni siquiera lo tiene, sólo lo parece, y que éste es el nombre de otro, de aquel a quien corresponda también tal naturaleza.
SÓC. - ¿Acaso tampoco se habla falsamente cuando se afirma que él es Hermógenes? Pues temo que no sea posible ni siquiera afirmar que éste es Hermógenes, si no lo es. CRÁT. - ¿A qué te refieres?
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CRÁT. - ¿Pues cómo es posible, Sócrates, que si uno dice lo que dice no diga lo que es? ¿O hablar falsamente no es acaso decir lo que no es?
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CRÁT. - Creo que ni siquiera afirmar cosas falsas.
SÓC. - ¿Ni tampoco enunciar o saludar 163? Por ejemplo, si alguien se encuentra contigo en el extranjero, te toma de la mano y dice: «Salud, forastero ateniense, Hermógenes hijo de Esmicrión», ¿lo diría este hombre o lo afirmaría o lo enunciaría o te saludaría así no a ti sino a Hermógenes? ¿O a ninguno de los dos?
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SÓC. - Bien, habrá que contentarse con esto: ¿acaso el que pronuncia esto lo pronuncia con verdad o con falsedad? ¿O parte de ello con verdad y otra con falsedad? Esto sería suficiente.
CRÁT. -Yo afirmaría que tal individuo emite un ruido y se mueve inútilmente, como si alguien agitara y golpeara una vasija de bronce.
SÓC. - Veamos, pues, Crátilo, si llegamos a algún tipo de acuerdo. ¿No dirías tú que el nombre es una cosa y otra distinta aquello de que es nombre?
CRÁT. - Sí.
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CRÁT. - Más que nada.
SÓC.-¿Entonces también admites que las pinturas son, de una forma distinta, imitaciones de ciertos objetos?
CRÁT. - Sí.
SÓC. -Veamos, pues (quizá no alcanzo a ver qué es exactamente lo que dices y podrías llevar razón): ¿es posible atribuir y asignar ambas clases de imitaciones -tanto las pinturas como los nombres aludidos- a las cosas de las que son imitaciones? ¿O no?
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SÓC. -Antes que nada, examina esto otro: ¿podría atribuirse a un hombre la imagen de un hombre y a una mujer la de una mujer e, igualmente, en los demás casos?
CRÁT. - Desde luego.
SÓC. -¿Y lo contrario: el de un hombre a una mujer y el de una mujer a un hombre?
CRÁT. -También esto es posible.
SÓC. - ¿Acaso son correctas ambas atribuciones? ¿O una de ellas?
CRÁT. - Unas de ellas.
SÓC. - Supongo que la que atribuye a cada uno la que le es propia y semejante.
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CRÁT. - ¡Cuidado, Sócrates, no vaya a ser que esto suceda con las pinturas -la atribución incorrecta-, pero no con los nombres, sino que la correcta sea siempre inevitable!
SÓC. -¿Qué quieres decir? ¿En qué se distingue ésta de aquélla? ¿Acaso no es posible acercarse a un hombre cualquiera y decirle: «éste es tu dibujo», y enseñarle, si acaso, su retrato o, si se tercia, el de una mujer? Y con «mostrarle» quiero decir «someter a la percepción de sus ojos».
CRÁT. - Desde luego.
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¿No piensas que ello es posible y que sucede a veces?
CRÁT. - Estoy dispuesto, Sócrates, a aceptarlo. Sea así.
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SÓC. - Luego si, a su vez, comparamos los nombres primarios con un grabado, será posible 165 -lo mismo que en las pinturas- reproducir todos los colores y formas correspondientes; o bien no reproducirlos todos, sino omitir algunos y añadir otros tanto en mayor número como magnitud. ¿No es ello posible?
CRÁT. - Lo es.
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CRÁT. - Sí.
SÓC. - ¿Y el que imita la esencia de las cosas mediante sílabas y letras? ¿Es que por la misma razón no obtendrá un bello retrato, esto es, un nombre, si reproduce todo lo que corresponde, y, en cambio, obtendrá un retrato, pero no bello, si omite pequeños detalles o añade otros ocasionalmente? ¿De tal forma que unos nombres estarán bien elaborados y otros mal?
CRÁT. - Quizás.
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CRÁT. - Sí.
SÓC. - Y éste tiene el nombre de « legisladora.
CRÁT. - Sí.
SÓC. - Luego, quizás, ¡por Zeus!, lo mismo que en las otras artes, un legislador será bueno y otro malo si es que en lo anterior hemos llegado a un acuerdo.
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SÓC. - ¡Cuidado, Crátilo, no vayamos a analizarlo mal, si lo hacemos de esta forma!
CRÁT. - ¿Cómo, entonces?
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CRÁT. - Paréceme, Sócrates, que serían dos Crátilos.
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CRÁT. -Sí, Sí.
SÓC. - Sería ridículo, Crátilo, lo que experimentarían por culpa de los nombres aquellas cosas de las que los nombres son nombres, si todo fuera igual a ellos en todos los casos. Pues todo sería doble y nadie sería capaz de distinguir cuál es la cosa y cuál el nombre.
CRÁT. - Dices verdad.
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SÓC. - Excelente, en verdad. Y es que, mientras subsista este bosquejo, aunque no posea todos los rasgos pertinentes, quedará enunciada la cosa; bien, cuando tenga todos, y mal, cuando pocos.
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CRÁT. - Bueno, Sócrates, me parece que hablas con mesura. Tal es mi disposición.
SÓC. - Bien, puesto que en esto somos de la misma opinión, analicemos a continuación esto otro: ¿sostenemos que, si el nombre va a estar bien puesto, ha de tener las letras correspondientes?
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SÓC.-¿Y le corresponden las que son semejantes a las cosas?
CRÁT. - Desde luego.
SÓC. - Por consiguiente, los que están bien puestos lo están así. Mas si alguno no está bien puesto, su mayor parte constaría, quizás, de letras correspondientes y semejantes -dado que va a ser una imagen-, pero tendría una parte no correspondiente por la cual el nombre no sería correcto ni estaría bien acabado. ¿Es así como lo formulamos, o de otra forma?
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SÓC. - ¿Te complace, acaso, esto otro: que el nombre a es una manifestación de la cosa?
CRÁT. - Sí.
SÓC. - ¿En cambio, no te parece bien afirmar que unos nombres son compuestos a partir de los primarios y que otros son primarios?
CRÁT. - Claro que sí.
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CRÁT. - Es total y absolutamente mejor, Sócrates, representar mediante semejanza y no al azar aquello que se representa.
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CRÁT. - Imposible.
SÓC. - ¿Por consiguiente tampoco los nombres serían semejantes a nada, si aquello de lo que se componen no tuviera, en principio, una cierta semejanza con aquello de lo que los nombres son imitación? ¿Y no son los elementos aquello con lo que hay que componerlos?
CRÁT. - Sí.
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CRÁT. -Me parece bien.
SÓC. -¿Y la 1 a lo liso, blando y a lo que antes decíamos?
CRÁT. - Sí.
SÓC. - ¿Y sabes que para la misma noción nosotros decimos sklērótēs (rigidez) y los de Eretria sklērotēr? 171. CRÁT. - Desde luego.
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CRÁT. - ¡Claro que lo significa, para unos y para otros!
SÓC. - ¿En tanto que r y s son semejantes, o en tanto que no lo son?
CRÁT. - En tanto que semejantes.
SÓC. - ¿Y acaso son semejantes en todos los casos?
CRÁT. -Quizá sí, al menos para significar el movimiento.
SÓC. - ¿Y también la l que hay en medio? ¿No significa lo contrario de la rigidez?
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SÓC. - Dices bien. ¿Mas qué? Tal como hablamos ahora no nos entendemos mutuamente, si uno dice sklerón, y no sabes lo que yo quiero decir ahora?
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CRÁT. - Sí.
SÓC. - ¿Luego si me comprendes cuando hablo, te manifiesto algo?
CRÁT. - Sí.
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CRÁT. - Creo que enseñar, Sócrates. Y esto es muy simple: el que conoce los nombres, conoce también las cosas.
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CRÁT, - Muy cierto es lo que dices.
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CRÁT. - Esto es lo que yo supongo: que no existe otra 4 en absoluto y que ésta es única y la mejor.
SÓC. - ¿Acaso sucede lo mismo con el descubrimiento de los seres: que el que descubre los nombres descubre también aquello de lo que son nombres? ¿O hay que buscar y descubrir por otro procedimiento, y en cambio, conocer por éste?
CRÁT. - Hay que buscar y descubrir absolutamente por este mismo procedimiento y en las mismas condiciones.
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CRÁT. -¿Cómo?
SÓC. - Es obvio que tal como juzgaba que eran las cosas el primero que impuso los nombres, así impuso éstos, según afirmamos. ¿O no?
CRÁT. - Sí.
SÓC. - Por ende, si aquél no juzgaba correctamente y los impuso tal como los juzgaba, ¿qué otra cosa piensas que nos pasará a nosotros, dejándonos guiar por él, sino engañarnos?
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Después bébaion (consistente) es imitación de «base» (básis) y « reposo» (stásis), que no de movimiento. Después historia mismo significa que «detiene el flujo» (hístēsi rhoûn).
También pistón (firme) significa, a todas luces, « lo que detiene» (histán). A continuación, mnēmē (recuerdo) significa, para cualquiera, que hay «reposo en el alma» (monē-en tēi psychēi) y no movimiento. Y si quieres, hamartía (yerro) y symphorá (accidente)178 -siempre que uno se deje guiar por el nombre- parecen idénticos a la «comprensión» (synesis) de antes, a la «ciencia» (epistéme) y a todos los otros nombres que hacen referencia a los valores serios.
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CRÁT. - Sin embargo, Sócrates, ya ves que la mayoría los ha manifestado de la otra forma.
SÓC. - ¿Qué significa entonces esto, Cratilo? ¿Contaremos los nombres como votos y en esto consistirá su exactitud? ¿Es que el mayor número de cosas que se vea que significan los nombres va a ser el verdadero?
CRÁT. - No es lógico, desde luego.
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CRÁT. - Todavía.
SÓC. - ¿Entonces también afirmas que el que puso los primarios los puso con conocimiento?
CRÁT. - Con conocimiento.
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CRÁT. -- Creo, Sócrates, que objetas algo grave.
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CRÁT. - Pienso yo, Sócrates, que la razón más verdadera sobre el tema es ésta: existe una fuerza superior a la del hombre 180 que impuso a las cosas los nombres primarios, de forma que es inevitable que sean exactos.
SÓC. -¿Y crees tú que el que los puso, si era un dios o un demon, los habría puesto en contradicción consigo mismo ¿O piensas que no tiene valor lo que acabamos de decir?
CRÁT. - ¡Pero puede que una categoría de estos nombres no exista!
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CRÁT. - No sería razonable en modo alguno, Sócrates.
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CRÁT. - Así pienso yo.
SÓC. - Por consiguiente, es posible, según parece, conocer los seres sin necesidad de nombres -siempre que las cosas sean así.
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SÓC. - ¿Entonces por qué otro procedimiento esperas todavía poder conocerlos? ¿Acaso por otro distinto del que es razonable y justísimo, a saber, unos seres por medio de otros, si es que tienen algún parentesco, o ellos por sí mismos? Pues, sin duda, un procedimiento ajeno y distinto de ellos pondría de manifiesto algo distinto y ajeno pero no a ellos.
CRÁT. - Me parece que dices verdad.
SÓC. - ¡Un momento, por Zeus! ¿Es que no hemos acordado muchas veces que los nombres bien puestos son parecidos a los seres de los que son nombres y que son imagen de las cosas?
CRÁT. - Sí.
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CRÁT. - Me parece forzoso que a partir de la realidad.
SÓC. - En verdad, puede que sea superior a mis fuerzas y a las tuyas dilucidar de qué forma hay que conocer o descubrir los seres. Y habrá que contentarse con llegar a este acuerdo: que no es a partir de los nombres, sino que hay que conocer y buscar los seres en sí mismos más que a partir de los nombres.
CRÁT. - Parece claro, Sócrates.
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CRÁT. - Creo yo que sí, Sócrates.
SÓC. - Consideremos, entonces, la cosa en sí. No si hay un rostro hermoso o algo por el estilo -y parece que todo fluye-, sino si vamos a sostener que lo bello en sí es siempre tal cual es.
CRÁT. - Por fuerza.
SÓC. - ¿Acaso, pues, será posible calificarlo con exactitud afirmando, primero, que existe y, después, que es tal cosa, si no deja de evadirse? ¿O, al tiempo que hablamos, se convierte forzosamente en otra cosa, se evade y ya no es así?
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SÓC. - ¿Cómo, entonces, podría tener alguna existencia aquello que nunca se mantiene igual? Pues si un momento se mantiene igual, es evidente que, durante ese tiempo, no cambia en absoluto. Y si siempre se mantiene igual y es lo mismo, ¿cómo podría ello cambiar o moverse, si no abandona su propia forma?
CRÁT. - De ninguna manera.
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CRÁT. - Es como tú dices.
SÓC. - Pero es razonable sostener que ni siquiera existe el conocimiento, Crátilo, si todas las cosas cambian y nada permanece. Pues si esto mismo, el conocimiento, no. dejara de ser conocimiento, permanecería siempre y sería conocimiento. Pero si, incluso, la forma misma de conocimiento cambia, simultáneamente cambiaría a otra forma de conocimiento y ya no sería conocimiento.
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SÓC. - ¡Entonces, hasta luego! Ya me instruirás, compañero, cuando estés aquí de vuelta. Ahora dirígete al campo, tal como estás equipado, que aquí Hermógenes te acompañará.
CRÁT. - Así será, Sócrates. Intenta también tú seguir reflexionando sobre ello.
1 Hijo de Hipónico y hermano de Callas (cf. n_ 21). Por el testimonio de JENOFONTE (Mentorabilia 12, 48; II 10, 3, y Banquete VIII 3) sabemos que era uno de los íntimos de Sócrates: le instiga a que prepare su discurso de defensa y asiste a los últimos momentos de la vida del maestro. No se le conoce con certeza adscripción a escuela o grupo filosófico alguno. DIÓGENES LAERCIO (III 6) le hace partidario de Parménides, pero ello puede deberse a una polarización frente al heraclitismo de:Crátilo (cf. F. AST, Platons Leben und Schriften, Leipzig, 1816, et alii). Aquí se le presenta como un hombre de poca personalidad, aunque bien dispuesto y afable, en contraposición a Crátilo. Sus intervenciones se reducen a asentir a lo que dice Sócrates, si bien alguna intervención suya hace progresar notablemente el diálogo (cf., sobre todo, 421e y n. 143).
2 Personaje cuya realidad biográfica es un tanto oscura. Tenemos sobre él pocas noticias y, aun éstas, contradictorias o difíciles de conjugar: a) por este diálogo sabemos que sostiene simultáneamente la teoría naturalista del lenguaje y la filosofía de Heráclito; b) que es joven (cf. 440d), de carácter terco y de escasa valía intelectual; c) ARISTÓTELES (Metafísica 1010ª7.15) dice que Crátilo había renunciado al lenguaje porque era un heracliteo radical y se limitaba a hacer signos con las manos; d) ARISTÓTELES (Metaf. 987a32 ss.) dice que Platón fue synéthēs «compañero» de Crátilo; el DIÓGENES LAERCIO (III 6) y PROCLO (In Platonis Cratylum Commentarii) dicen que Platón fue discípulo de Crátilo. - Pues bien, (e) se deriva probablemente (y es interpretación errónea) de (d), pero además, es difícil de conjugar con (b). A su vez, (c) contradice -y es más probable- que (a). Sobre el problema de conjugar el naturalismo y heraclitismo de Crátilo, véase Introducción.
3 Tanto Kratylos como Sokrátēs son nombres formados sobre el sustantivo krátos «dominio»; el de Sócrates, además, presenta la raíz *sawo que está en la base de palabras de vario significado. - Hermogénés significa «del linaje de Hermes», y este nombre no le corresponde, debido a sus dificultades pecuniarias (cf. 384c y 391 a) y, como él mismo añade más tarde (cf. 408a), a su poca facilidad de palabra.
4 Célebre sofista, natural de Ceos, cuyo interés se centraba en el empleo correcto de las palabras (cf. Eutidemo 277e) estableciendo los rasgos diferenciales de los sinónimos aparentes. En realidad, la exactitud que él propugna nada tiene que. ver con la orthótēs que aquí se discute. Sócrates fue un gran admirador suyo y se piensa que su célebre diaíresis (cf. Cármides 163d, Protágoras 358a) puede haber influido en las dicotomías socráticas (cf. W. C. K. GUTHRIE, A History o( Greek Philosophy, págs. 223-25 y 27480, y C. J. CLASSEN, «The Study of Language amongst Socrates Contemporaries, Proc. of the Afr. Class. Assoc. [1959), 38).
5 Podría querer decir que ha leído algún libro de Pródico: una dracma es el precio aproximado de un libro en esta época (cf. Apología 26d) y demasiado poco, incluso, para un curso reducido.
6 Hermógenes emplea una terminología vaga, propia de quien no tiene las ideas muy claras o expresa, no una teoría, sino un clima de opinión. Aquí emplea synthékē y homología; más abajo, nómos y éthos. Cf. Introd. Traduzco nómos por «convención», en su valor más general, y, alguna vez, más adelante, por «uso». Para nonmothétēs empleo el término comúnmente admitido de «legislador» (cf. 389a).
7 Hay en el texto griego de todos los MSS. (salvo T) dos frases de idéntico contenido («no es menos exacto el segundo que el primero» y « no es menos exacto éste que le sustituye que el primero»), de las cuales, una es, sin duda, glosa de la otra. Contra la opinión general que admite ambas como genuinas o que sigue a Bekker omitiendo (con el MS. T) la segunda, nosotros preferimos suponer (con Baiter) que es la primera la que no es auténtica.
8 Aquí Sócrates lleva a Hermógenes a una posición de extremo individualismo, que no es la inicialmente expuesta (cf., también, el § e, más abajo). Sobre las razones de este proceder de Sócrates, ver nuestra Introd.
9 El principio de que se puede hablar falsamente, introducido aquí un tanto bruscamente es, en realidad, el argumento más poderoso contra ambas teorías. De ahí el interés, por parte de Sócrates, de dejarlo sentado inmediatamente. Es un tema que reaparece en Eutidemo 286b, c y Sofista 251a, b.
10 Paralogismo señalado por H. STEINTHAL, Geschichie der Sprachwissenschaft be¡ den Griechen und Röntern, Berlín, 1961, pág. 86, y R. ROBINSON, «The Theory of names in Plato's Cratylus», Phil. Rev. 65 (1956), 328. Una frase puede ser falsa y todos sus nombres verdaderos. Platón no había llegado a descubrir (o lo silencia por el interés de la argumentación) que la frase constituye una unidad superior y no una mera suma de sus partes (cf. GUTHRIE, A History..., pág. 213).
11 Es el sofista de Abdera, blanco de los ataques platónicos en varios diálogos (especialmente, el que lleva su nombre, pero cf., también, Teeteto 152 ss.). La cita es el célebre comienzo de su obra Alētheia «La Verdad» (cf., más abajo, la alusión a ésta). Aunque esta frase, fuera de todo contexto, ha sido objeto de múltiples interpretaciones (cf. GUTHRIE, ibid., págs. 181-191), es evidente que lo que pretendía el sofista es negar validez objetiva al conocimiento. Otra cosa muy distinta es que de su epistemología individualista se pueda deducir una teoría de la orthoépeia como la que mantiene Hermógenes. Ver nuestra Introd.
12 Con su hermano Dionisodoro, es el protagonista del diálogo que lleva su nombre. La tesis que aquí se le atribuye es formulada allí de forma diferente: .todos los hombres, dijo él, lo saben todo si saben una sola cosa- (Eutidemo 294a, cf. también 296c).
13 Otro principio que se esboza, aquí, en contra de Hermógenes y se repetirá, al final, del diálogo (cf. 439c-440) en contra de Crátilo.
14 En gr. kerkízein, lit. «manejarla kerkís (lanzadera)», aunque aquí con el sentido restringido de «separar la trama de la urdimbre». Sócrates se refiere específicamente a esta actividad del tejedor porque también con «el nombre... distinguimos las cosas» (cf. 388b). De todas las actividades artesanales que se comparan con la de nombrar, la más adecuada es, precisamente, la de «destramar».
15 Traducimos didáskalos por «enseñante, no sin fastidio, al objeto de conservar el paralelismo de los esquemas etimológicos.
16 Aceptamos la conjetura kalós «bien» de un corrector del MS. Coislinianus. Puede haber caído fácilmente por haplografía.
17 Por mucho énfasis que se ponga en soi, es evidente que también Sócrates se pone aquí del lado del «uso» (nómos) con la idea de introducir en seguida la figura del « legislador» (nomothétēs). Se ha discutido mucho sobre la identidad del legislador de los nombres o «nominador» (especialmente, si se trata de un individuo, y éste sobrehumano, o una colectividad, primitiva o no). Sócrates se refiere a él, unas veces, en singular y, otras, en plural, aunque -eso sí- niega claramente (cf. 438c) que sea un personaje divino. De hecho, es una figura que surge del proceso refutativo de la teoría convencionalista y será el último reducto del que Sócrates va a desalojar a Crátilo.
18 Esbozo de la teoría de las Ideas, aún en fase tentativa: el léxico no está fijado del todo y el sentido último no se ve muy claro. Según GRUBE, El pensamiento de Platón, Madrid, 1973, págs. 38-39, aquí el eîdos de la lanzadera sería «el conjunto de sus propiedades esenciales tal como lo ve (blépei) el carpintero». Ya no es « lo que una cosa parece, sino aquello a lo que una lanzadera se parece... y ‘ver’ se transforma de actividad física en mental». Cf. también, B. CALVERT, «Forms and Flux in Plato’s Cratylus», Phrónesis 15 (1970), 26-47, y J. V. LUCE, «The Theory of Ideas in the Cratylus», ibid, 10 (1965), 21-36.
19 En este pasaje hemos traducido érgon «obra» por «instrumento» y órganon «instrumento» por «forma del instrumento» (así como trypanon «la forma del taladro», etc.), con el fin de evitar la confusión que se originaría de una traducción literal.
20 F. HORN (Platonstudien, Viena, 1904, págs. 29-30) ve aquí, creo que sin razón, otro paralogismo: los herreros operan sobre diferentes trozos del mismo material, pero las sílabas de ánthrōpos y homo, por ejemplo, son materiales diferentes.
21 Hijo de Hipónico y hermano de Hermógenes. Es el hombre más rico de Atenas («su casa es la más grande v próspera de la ciudad», Protágoras 337d), amigo de los sofistas y, especialmente, de Protágoras, de quien Platón le llama «administrador. en Teeteto 165a. En su casa se celebraban frecuentes reuniones (cf. el diálogo Protágoras) y banquetes con los sofistas (cf. el Banquete de Jenofonte).
22 Cf. n. 11.
23 Cf. Iliada XX 74.
24 Ibid. XXIV 291. Es una especie de búho.
25 Ibid. II 813-14. Altozano escarpado frente a Troya.
26 A partir de ahora sólo aparecerán transliterados los nombres propios cuando vayan a ser objeto de análisis etimológico. En el resto de los casos aparecerán transcritos según las normas habituales.
27 Es cierto que, en Iliada XXII 306, HOMERO dice que los troyanos le llaman Astianacte, pero nunca dice cómo le llamaban las troyanas. Sin embargo, sí afirma que su padre, Hector, le llamaba Escamandrio (VI 402). Con tan rebuscado y poco honesto razonamiento, puede Platón estar ironizando sobre la forma en que procedían los sofistas en sus etimologías.
28 Cf. Ilíada XXII 507. Los MSS. ofrecen éryso y pólin. El cambio éryso por éryto se explica fácilmente (en el pasaje citado, Andrómaca se dirige a Astianacte); el cambio de pólin por pylas lo admite NAUCK en su edición de la Ilíada, pero es posiblemente erróneo. Se sabe que Platón citaba a menudo de memoria.
29 Estas dos etimologías son correctas. Iremos señalando en nota a pie de página las que lo son. En realidad, no pasan de una veintena entre más de ciento veinticinco y, aún así, son «falsas etimologías», es decir, suelen consistir en relacionar una palabra con otra de su misma raíz. El resto es pura fantasía (cf. L. MÉRIDIER, Platon, Ouvres Complétes, vol. V, 2.a parte: Cratyle, París, 1950, Introducción, págs. 18 y sigs.).
30 MÉRIDIER (ibid., pág. 16) señala la inconsistencia de este pasaje. Hay dos principios que se contradicen: a) un hijo debe recibir el nombre de su padre (lo cual, desde luego, deja sin justificar el de éste); b) en casos de filiación antinatural, la nominación se debe hacer según el género. Es decir, de hecho la única nominación justa en todos los casos es esta última. Pero es más: después de analizar, a continuación, la etimología de algunos miembros de la familia de los Tantálidas, donde aún gravita vagamente este principio, luego lo abandona por completo.
31 Es la primera vez que Sócrates introduce esta idea, que repetirá continuamente (cf. 399a, 404e, 405e, 407c, 408b, 409c, 412e, etc.) hasta que la teoría de la mímesis la ponga en entredicho. Algunos comentaristas (cf. nuestra Introducción) elogian la sagacidad lingüística de Platón por intuir la realidad del cambio fonético. Pero ello no exige una gran reflexión y -además- Sócrates lo aduce para justificar las fantásticas etimologías que vienen a continuación.
32 En gr. stoicheia: se refiere a los fonemas o, mejor dicho, las letras del alfabeto. Sobre la concepción «gráfica» del lenguaje que impregna todo el diálogo y que ha sido objeto de crítica, cf. n. 157.
33 Efectivamente, los nombres epsilón, ypsilón, omicrón y ómega datan de época bizantina, aunque ya hay indicaciones en HERODIANO, Partitiones 162.
34 Lit. «sonoros» o «mudos». En 424c, añade una tercera categoría, la de los que «no son sonoros pero tampoco mudos» o sea, las sonantes. Cf. n. 148.
35 Archépolis es «El que gobierna la ciudad»; Ágis, «Conductor»; Polémarchos, «Jefe de guerra», y Eupólemos, «Valiente en la guerra».
36 latroklēs es «Famoso curador», y Akesímbrotos, «Curador de los mortales».
158 Hasta el momento, Crátilo ha mantenido un inelegante y obstinado silencio (recordemos su desgana inicial de hacer a Sócrates partícipe de su conversación con Hermógenes, 383a). Ahora, tanto Sócrates como Hermógenes, le incitan a hablar; Sócrates, más veladamente, con el objeto de desmontar la teoría naturalista, como se verá; las palabras de Hermógenes, más ingenuo y abierto, entroncan con su primera intervención ante Sócrates.
159 Cf. Trabajos y Días 361-62: .pues si añades poco sobre poco y haces esto con frecuencia, lo poco al punto se convertirá en mucho» (trad. de AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ, en el vol. 13 de esta colección).
160 Parece que la división en Cantos de la Ilíada y Odisea no es anterior a la época alejandrina. Antes de esta época se suelen citar por los nombres de episodios más o menos extensos, como Las Plegarias, La Cólera, Los Juramentos, etc.
161 Cf. Iliada I 343.
162 Sócrates ya ha dejado demostrado, contra Hermógenes, que se puede hablar falsamente (cf. 385b y ss.). Ahora tiene que volver a demostrarlo en contra de Crátilo basándose, precisamente, en la teoría de la mimēsis. Sobre los antiguos y modernos a los que se puede referir, en último término, la teoría naturalista (cf. nuestra Introd.).
163 Se entiende, «falsamente».
164 Cf. n. 55. Aquí rhēma tiene el sentido más restringido y exacto de «verbo».
165 La comparación de los nombres con los grabados se alarga en exceso (ocupa toda la letra c), por lo que esta primera frase resulta anacolútica.
166 Cf. 426c.
167 Probablemente, el texto esta corrupto, lo cual oscurece más aún la alusión a esta costumbre de los eginetas. Son atractivas las conjeturas de Búrnet, pero opsiodíou es palabra no atestiguada, y opsismoû sólo en DIONISIO DE HALICARNASO (IV 46), con el inconveniente de eliminar hodoú que parece palabra sana. Sugiero el cambio de opsé por opsíou (Cf. PfNDARO, Ítmicas IV 38).
168 La frase, así formulada, queda un tanto oscura. Las dos afirmaciones contradictorias son: a) el nombre es una manifestación de la cosa mediante sílabas y letras; b) el nombre no es tal, si no posee todos los rasgos pertinentes de la cosa.
169 También en la Carta VII (343c) adopta Platón una posición convencionalista con respecto al lenguaje: «¿quién nos impide llamar ‘recto’ a lo que llamamos ‘circular’ o ‘circular’ a lo que llamamos ‘recto’?».
170 Cf. 426c, pero allí, en realidad, no se habla para nada de «rigidez». ¿Lo añade aquí Platón para justificar la presencia de r en la palabra sklērotēr que viene a continuación? ¿O kaì sklērótēti es una adición posterior introducida con el mismo objeto?
171 El rotacismo (cambio de s en r) es una característica del jonio de Eretria y Oropo, pero, contra lo que afirma aquí Platón, ninguna inscripción ha documentado hasta ahora el rotacismo en posición final (sí en eleo y laconio), cf. BUCK, The Greek..., págs. 56-57.
172 Es decir, skrērós.
173 El nombre es «esto»; «aquello», la noción.
174 El número, que en 432a le servía a Crátilo como apoyo a su teoría de que cambiando un sólo elemento «un nombre se convierte al punto en otro nombre», aquí se revela como argumento a favor del convencionalismo.
175 Cf. 414c.
176 En 411c manifestaba Sócrates que todos los nombres habían sido puestos según la idea de que todo se mueve. Pero si allí ya expresaba su escepticismo diciendo que, quizá, son los que pusieron los nombres quienes de tanto dar vueltas se marean (cf., también, 439c), aquí va a demostrar que se pueden explicar en sentido contrario: conforme a la idea de reposo.
177 Cf. n. 105.
178 Hantartía puede relacionarse, o bien con hontartō «acompañar», o bien con hánta ía (de einti), syntphorá «accidente» con syntphéresthai, verbo con el que en 417a explicaba syntphora «conveniente». De esta forma, ambos son sinónimos de synesis y epistōmō, explicados en 412a como procedentes de syniénai «acompañar» y de hépomai (id.), respectivamente.
179 En la serie etimológica anterior (416b y 421b) se veía que los nombres de nociones negativas (lit. «censurables», psektá) coincidían etimológicamente con la idea de reposo; las positivas (lit. «elogiables», epainetá), en cambio, con la idea de movimiento.
180 Crátilo se refugia, finalmente, en la idea de un legislador sobrehumano. Pero esto ya había sido rechazado (cf. 425d) como una evasiva similar al deus ex machina de la tragedia. Ahora vemos más claramente por qué el hipotético legislador no puede ser sobrehumano.
181 Cf. 411c.
182 El principio de que los seres son en sí ya había quedado sentado en 486d y ss., como consecuencia de la refutación de la teoría de Protágoras. Aquí se dice algo más (que lo en sí es siempre idéntico y nunca abandona su forma) y se desarrollan sus implicaciones epistemológicas (sólo el ser en sí permite el conocimiento). Sin embargo, Sócrates no llega a ello por un proceso dialéctico sino acudiendo a un sueño que tiene; como, en ocasiones, recurre a un mito.